El desván de la Navidad. Una sesión en familia
- Oneka
- Navidad
Cada familia que entra en el estudio trae su propio ritmo, su energía y sus pequeñas historias.
Y cuando llega la temporada navideña, ese ambiente se multiplica: abrazos más fuertes, risas espontáneas y esa emoción que solo aparece cuando los peques descubren por primera vez el escenario del Desván.
Así es, paso a paso, una sesión de Navidad en mi estudio.
La llegada: primeras miradas y mucha ilusión
En cuanto cruzan la puerta, los txikis son los primeros en reaccionar.
El Desván está lleno de cajas, detalles, luces suaves y ese aire de “esto solo existe aquí” que tanto les llama la atención.
Les doy siempre un minuto para mirar, tocar, explorar.
Esa curiosidad inicial es oro: rompe el hielo, les relaja y hace que se sientan parte del espacio.
La conexión: antes de disparar, nos conocemos
No empezamos a hacer fotos de inmediato.
Hablamos, nos presentamos, rompo el hielo con ellos (y con los adultos, que a veces llegan más nerviosos que los niños).
Les explico que no tienen que posar perfecto, que esto va de jugar, moverse y disfrutar.
Mi objetivo es que sientan que la cámara no es un examen, sino un acompañamiento.
La sesión: juego, movimiento y emoción real
Cuando ya están cómodos, empezamos.
El desván está diseñado para que los niños puedan interactuar:
hojas escritas a mano, cajitas misteriosas, detalles navideños y ese ambiente cálido que invita a jugar.
Las fotos salen de ahí: de juegos, de bromas, de cuentos rápidos, de “a ver quién encuentra la estrella”, de risas que no hace falta provocar porque llegan solas.
Me muevo rápido, observo mucho y dejo que cada familia sea como es.
Las mejores imágenes siempre llegan cuando ellos se olvidan de mí.
Los adultos también tienen su momento
En algún punto de la sesión, siempre hago una foto en familia.
Una real: pegaditos, abrazando, cantando, o simplemente mirándose.
Y sí, también pido una solo de los aitas/amas con los peques.
Las familias luego me dicen que son las fotos que más valoran con los años.
Final suave: despedida sin prisa
Cuando ya hemos terminado, siempre dejo un ratito para que los peques se despidan del escenario, recojan su pequeña “caja favorita” o cuenten qué ha sido lo que más les ha gustado.
Las sesiones no se cierran de golpe: se cierran con calma, como si bajáramos juntos del ambiente mágico del Desván.
La selección: tus recuerdos toman forma
Unos días después, recibes una galería online para elegir vuestras fotos favoritas.
El proceso es sencillo, muy visual y adaptado para que lo hagáis desde cualquier dispositivo.
Muchos padres me escriben diciendo que es como “revivir la mañana”, porque reconocen cada carcajada, cada gesto, cada momento.